• Luis Fernando Mogollón

Sobre el temor de entrar a terapia y “dejar de ser uno mismo”

Actualizado: mar 28

Cuando pensamos en dar inicio a un proceso terapéutico son muchas las preguntas que surgen, como por ejemplo: si tendré el tiempo, si tendré el dinero, si realmente es lo que necesito, si el o la terapeuta cuenta con las habilidades para ayudarme, etc. Junto a estas preguntas encontramos una de particular interés y es aquella que el paciente se formula el a sí mismo cuando piensa: “¿Será que la terapia me va a cambiar? ¿Será que la terapia me va a arrebatar algo de mi esencia? Si entro a terapia ¿dejaré de ser la persona que soy? Y si consulto con un tercero las razones de mis decisiones ¿tendré que renunciar a las cosas que he defendido toda mi vida? O en caso que vea cuestionadas mis relaciones de afecto ¿tendré la posibilidad de encontrar un nuevo rumbo sin renunciar a lo que quiero?



Para dar lugar estas preguntas abordaremos a continuación 3 elementos claves de la terapia psicoanalítica que desafían estas creencias.


1. La terapia como investigación


Cuando el paciente acude a terapia desconoce el origen y la orquestación de su malestar, tan solo puede registrar que afecta su vida cotidiana, sus sentimientos y sus relaciones. Al primer encuentro con esta situación notamos que el terapeuta tampoco sabe de antemano lo que le ocurre al paciente, no cuenta con un libro de recetas debajo del sillón para dar respuestas mágicas a cada persona que llega a consulta por primera vez. Ahora bien, podemos entender que si el o la terapeuta no cuenta con claves previamente cifradas para cada paciente, quiere decir que tampoco tiene rótulos para encasillar a cada sujeto, y no busca modificar al paciente conforme a su parecer ni sus prejuicios, tampoco pretende que dejen de ser quienes son para que se acomoden a sus diagnósticos o a sus creencias sobre la vida, el bienestar o el amor.





Por el contrario el terapeuta se entrega a una tarea de investigación con su paciente, le propone un ejercicio de buceo al interior de su mente llevando consigo una capacidad distinta para observar y analizar los elementos de la experiencia mental; algo así como una poderosa linterna que permite enfocar cosas invisibles en la mente oscura del paciente, o una dinámica del diálogo que le provea de un espejo para que pueda observarse a sí mismo y conocer aspectos de su ser que le eran esquivos. El o la terapeuta acompaña esta labor de introspección, sin máscaras ni maquillaje, para que el o la paciente pueda Re-Conocerse, es decir, volver a conocerse a sí mismo, pero nunca pretendiendo cambiar esa esencia que aflora en el proceso.


2. El síntoma y el inconsciente


Del enfoque psicoanalítico se comprende que el síntoma es una formación paradógica: surge como una respuesta de nuestra mente para protegernos de un malestar que percibe como algo muy peligroso, el resultado: configuramos una estrategia de defensa que resulta aún más grave que el malestar inicial.



Bajo esta lógica comprendemos que la ansiedad de separación, los pensamientos obsesivos, el sentimiento de culpa o el establecimiento de relaciones tóxicas, pueden ser formaciones sintomáticas que responden a un origen oculto, a un “algo” que los organiza desde el interior del individuo y que está lejos de su alcance porque su naturaleza es totalmente inconsciente. Así mismo, la teoría y la práctica diaria con pacientes nos dicen que escogemos un síntoma también por una razón específica, puede ser porque nos salvaguarda del dolor o porque satisface alguna tendencia de nuestra personalidad que requiere un espacio y merece un valor. De esta forma se comprende que el síntoma no es algo por completo desechable, sino que lleva consigo información clave sobre el sujeto y su forma de lidiar con su mundo emocional.


En este orden de ideas el o la terapeuta hará uso de su pericia clínica y saber profesional para que el paciente pueda comprender cuál fue la situación original que lo llevó a la construcción del síntoma, y más importante aún, rescatará junto con el o la paciente esa parte de su personalidad que resulta original, única e irrepetible, para separarla poco a poco de las tendencias que le generan malestar y darle un nuevo mar de posibilidades e interacción. Se trata de fortalecer nuestras partes sanas sin olvidar quienes somos.


De esta manera el o la terapeuta psicoanalític@ entiende que el origen del síntoma es único y original para cada individuo, y que por lo tanto la labor terapéutica se enfocará en empoderar al individuo para que conozca el origen de su síntoma, y sea él o ella mism@, artífice del cambio, encontrando una salida más sana y creativa frente a su malestar.



3. El terapeuta que ha sido paciente


Uno de los elementos claves de este enfoque es que el o la terapeuta psicoanalític@ debe haber pasado primero por un proceso terapéutico para sí mism@, de forma tal que pueda conocer a profundidad su inconsciente. Esto tiene grandes ventajas al momento de practicar la terapia pues lo capacita para no confundir sus aspectos personales con aquellos del paciente.


Imaginemos que el terapeuta usa unas gafas especiales para el trabajo de investigación con su paciente, estas gafas son su visión del mundo, los afectos y las relaciones que busca comprender. Su terapia personal le servirá entonces como instrumento para limpiar esos lentes de cualquier impureza que afecte su intervención, como pueden ser: su pasado familiar, su vida sentimental, prejuicios sociales, discursos ideológicos, su filiación política, su infancia, etc. Todo ello será limpiado por la terapia que recibe el terapeuta, quien podrá utilizar entonces unos lentes prístinos para observar con nitidez al Otro que es su paciente, sin sesgos, sin distorsiones.



Así las cosas, el trabajo del o la terapeuta será observar, comprender, guiar y acompañar al paciente por la senda del auto-conocimiento, sin contaminar este proceso con asuntos personales que puedan obstruir el trabajo que realiza el paciente a medida que se sumerge en sí mismo.



Con todo lo que se ha mencionado queda claro que si un sujeto se decide a emprender el camino de la terapia, no perderá su esencia en el proceso, sin embargo queda claro también, que no saldrá de allí siendo la misma persona que entró al comienzo.







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